enero 14, 2004

Sincronicidades V y Matrix Revolutions

Hace un par de semanas atrás, mientras hacía un largo viaje en tren, una persona me preguntó que le contara el final de Matrix

Como explicarle a alguien en veinte minutos, como termina una trilogía; más aún cuando la persona en cuestión no le gustó ni entendió muy bien Matrix: Reloaded?

Pués bien, traté de explicarle lo que yo había entendido y me respondió que entonces era mejor que la segunda parte. Por supuesto que ella no iría a ver "Revolutions". Pero esa no es la historia, la historia es que los próximos minutos entablamos una conversación filosófica, de si existe realmente el libre albedrío o ya está todo predeterminado; dado que Neo hizo finalmente lo que tenía que hacer, al darse cuenta que tras Smith estaba el Oráculo.

Por supuesto que no llegamos a una conclusión. No era ese el fin ¿o si?

Lo importante fue que a la segunda noche de ese fin de semana, donde nos reunimos junto a otras personas, fuimos a tomar un café. Generalmente utilizo edulcorantes para "endulzar" mi café, pero esta vez no tuve tiempo para decirle al mozo. Por lo tanto recibí dos sobres pequeños de azúcar. Tomé uno sin mirar siquiera, y volqué el contenido, dejándolo a un costado.

Mi amiga, la persona con la cual días antes habíamos compartido la plática sobre Libre albedrío versus Destino, me pidió el sobrecito porque sabía que tenía una frase al dorso.

Se lo di, y la miré. Su sorpresa fue tal que no dijo ni mu. Me lo devolvió y lo leí. No recuerdo bien la frase (no soy muy buena para recordar poemas y prosa de memoria) pero tenía que ver con la palabra "destino" y "libre albedrío".

Más allá que la frase resumiera y llegara a una solución de este eterno problema existencial de la raza humana, me demostró una vez más el maravilloso mundo en que vivo: el de la sincronicidad. Claro que yo ya estoy acostumbrada, ¿pero que sucede con las demás personas, las que por una especie de "onda expansiva" comparten el flujo de mis sincronicidades?

Espero que haya sido un buen momento para mi amiga. De hecho guardó de recuerdo el sobrecito vacío. No solo tenía un buen mensaje, sino que era la prueba que todo está relacionado, y no hay nada en el mundo que no tenga un porque.

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