diciembre 29, 2004

Editorial: Tsunami

Hoy, con la mente más fresca me gustaría realizar una pequeña reflexión sobre todo lo investigado anoche:

Cuando ocurren estos sucesos, siempre reflexionamos sobre nuestro lugar en el planeta Tierra. Nos preguntamos si valen de algo nuestros objetos materiales, nuestras casas, la riqueza o pobreza de nuestras vidas cotidianas. Como producto de estos pensamientos recapacitamos y nos damos cuenta que somos todos iguales mas allá de las diferencias que nos separan y por ende estamos expuestos a los mismos peligros, por pertenecer a una misma especie: la humana.

La furia del maremoto, el pasado 26 de Diciembre no hizo distinción de razas, credos o recursos económicos. Los arrasó a todos por igual.

Tengamos en cuenta eso, que todos somos seres humanos, inteligentes si, valiosos también, pero frágiles y vulnerables frente al poderío de la naturaleza.

Como un humano frágil, haré lo que pueda esté a mi alcance para que todos sepamos a que atenernos. Como ser humano les pido que se mantengan informados y aprendan sobre estos fénomenos que dada su espectacularidad y originalidad está produciendo preocupación entre los sismólogos porque piensan que si sucedió una vez, nadie ni nada dice que no sucedan nuevamente.

La idea es que si bien el hombre no puede prevenir este tipo de desastres, nosotros como seres humanos pensantes, conscientes y sensibles debemos estar preparados. No importa donde estemos, o si estas cosas nunca sucedieron donde vivimos, queda claro con lo sucedido el Domingo 26 de Diciembre, puede ocurrir en cualquier momento o lugar.

Como establece la teoría del Caos, un aletear de una mariposa puede ocasionar un terremoto en New York, así nosotros debemos velar por nuestros pensamientos, sentimientos y palabras, porque quizá no nos demos cuenta, pero seamos participes inconscientes de la misma cadena de destrucción que hoy todo el mundo está lamentando.

Por último estén atentos y bien despiertos.

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