agosto 27, 2008

Campos morficos

En: Talbot, Michael. Mas allá de allá de la teoría cuántica. –Barcelona : Gedisa, 2000, p. 74-79
La longitud de onda de la vida

...”En biología, como en física cuántica, el punto de vista ortodoxo sostiene que fenómenos tales como los organismos vivientes no son mas que máquinas complejas, gobernadas solo por las conocidas leyes de la física y la química. Sin embargo, aún antes de graduarse en Cambridge, Sheldrake se preocupó por problemas, que según los veía, no podrían ser resueltos mediante este enfoque.

Entre ellos ocupa un lugar preponderante la cuestión de la morfogénesis. La palabra “morfogénesis” viene de la voz griega morfe, que significa “forma” y de genesis que significa “nacimiento”. En consecuencia, el problema de morfogénesis es el misterio del advenimiento de las formas vivientes. El enfoque mecanicista nos dice, por ejemplo, que el ADN, de cada una de nuestras células contiene la información, codificada que describe como se organizan las proteínas de nuestro cuerpo. En ciencia, es un concepto convencionalmente aceptado el de que, por lo tanto, el ADN puede ser considerado un mapa o un plano detallado.
***
La similitud entre lo que sucede en los campos morfogenétticos y lo que ocurre en los organismos vivientes es una de las razones que llevaron a Sheldrake, a proponer que los problemas planteados por la morfogénesis podrían explicarse por la existencia de un campo de tipo desconocido, que aquel investigador llamó “campo morfogenético” o para abreviar “Campo-M”

La idea no es de ningún modo nueva. En la década 1920-30, dos embriólogos, Alexander Gurwitsch y Paul Weiss propusieron, cada uno por su cuenta, teorías sobre los campos morfológicos. Sin embargo, aparte de expresar que el control de la morfogénesis podría deberse a campos morfogenéticos, ni Gurwitsch ni Weiss, llegaron a especificar que eran esos campos o cómo funcionaban y sus teorías llegaron a ser poco más que notas al pie de página en los anales de la biología.

Ahora, además de hacer resurgir la idea de los campos morfogenéticos, Sheldrake le proporcionó un ropaje conceptual más completo. Este estudioso afirma que los campos morfogenéticos gobiernan no sólo la estructura de los organismos vivos, sin también su conducta. En síntesis, Sheldrake propone que los hábitos y la conducta de cualquier especie tuvo en el pasado se acumulan y, por obra de un proceso que él llama “resonancia mórfica” afectan los hábitos y la conducta de los miembros de una misma especie que viven hoy. Por ejemplo, si un león encontró una nueva técnica de caza que resulta ser inusitadamente eficaz, y un número suficiente de leones también aprenden la técnica, la resonancia mórfica puede permitir que leones que viven en zonas geográficas totalmente distintas absorban súbitamente esa técnica, aun cuando no tengan ninguna conexión genética directa con los leones que dieron origen a la técnica.

Sheldrake afirma que todavía esposible encontrar, en el ambiente que nos rodea, pruebas de resonancia mórfica. En su libro “A New science of life”, publicado en 1981, menciona los anómalos resultados experimentales comprobados por el psicólogo William McDougall, de Harvard, en sus estudios sobre el comportamiento de la rata. McDougall inició un experimento en la década de 1920-30 y lo continuó durante un período de 34 años. Su intención original era someter a prueba la famosa teoría de Jean Lamarck según la cual las características adquiridas pueden transmitirse genéticamente.
***
Sheldrake considera que comprobaciones como la efectuada por McDougall sugieren una explicación alternativa. A su juicio, cada especie tiene su propio campo M, el cual, tal como los campos de que habla en física, es una estructura intangible pero espacial y real. El campo M de una rata, por ejemplo, tendría codificado en su interior (tal vez holográficamente) toda la estructura y el comportamiento que actualmente advertimos en las ratas. El embrión de rata en desarrollo se sintonizaría en el campo M de su especie, compartiéndolo. Sin embargo, como lo sugiere el experimento de McDougall, esos campos no son estables o estáticos sino que pueden permitir que una conducta nueva y benéfica –como la de la rata que aprende a nadar en un laberinto—sea realimentada al campo M del organismo. En vez de perderse al morir un individuo toda la conducta aprendida, y en vez de ser la conducta innata el mero resultado de una mutación genética aleatoria y espontánea, la conducta habitual y las fuerzas aleatorias e innovadoras de la naturaleza trabajarían juntas en equilibrio dinámico. Sheldrake ha dado a esta teoría el nombre de “hipótesis de la causación formativa”

1 comentario:

Julio dijo...

en el canal discoveri, supe de algo parecido a esto que explicas. Algo asi de uno monos que aprendieron comer hormigas y que el mismo comportamiento se registro en por ejemplo. Los monos de África hacen lo mismo que los del Amazonas. agarran un palitos de madera lo humedecen entre sus labios y lo meten dentro de la tierra para sacar hormigas o insectos.
Un pequeño aporte mio sin datos relevantes, pero muy bueno tu info.
Podrías hacer un articulo sobre mesmerismo, que estoy buscando y la info que obtengo es muy devil.
Gracias